Según una antigua leyenda, en un principio, Dios creó a los pájaros sin alas. Después, puso las alas sobre el suelo, a ambos lados de sus cuerpos, y les dijo: “Ahora deseo que tomen su identidad y la utilicen”.

Algunos pájaros se negaron a levantar sus alas. No pasó mucho tiempo antes que otros animales los mataran, ya que los pájaros eran muy lentos moviéndose a pie. Otros decidieron tomar las alas y colocarlas sobre sus hombros. Al principio les parecían pesadas, pero a medida que se acostumbraron a ellas, parecía que las alas les crecían en el cuerpo. Los pájaros comenzaron a experimentar con sus alas, ahora adosadas al cuerpo, subiéndolas y bajándolas. Como podrás imaginar, pronto algunos levantaron vuelo. Otros los siguieron rápidamente y muy poco después, toda una bandada se elevaba hacia las nubes. El hecho es que cada uno de nosotros fue creado para ser alguien.

¿Qué carga, discapacidad, carencia, problema o imposibilidad que tienes podría, en realidad, ser tus alas?

En mi opinión, se trata de la “mentalidad de langosta”.
La mentalidad de langosta es una enfermedad interna del espíritu. Rara vez se la diagnostica, pero es muy común.
La mayoría de nosotros conocemos las señales de advertencia de las grandes enfermedades asesinas de nuestro tiempo. Podemos nombrar rápidamente los síntomas del cáncer, las afecciones cardíacas, la diabetes, el SIDA, y otras. También estamos aprendiendo a poner nombres a los trastornos psicológicos y sociológicos. Cada vez aprendemos mejor a tratar a las personas que han sufrido terribles dramas en sus vidas. Pero pocos sabemos que tenemos una mentalidad de langosta, y los que lo sospechan muy rara vez saben qué hacer al respecto.
Para vencer la mentalidad de langosta debes estar dispuesto a tomar tus alas y convertirte en el “alguien” que fuiste creado para ser.

¿Víctimas o Vencedores?
La expresión “mentalidad de langosta” está tomada de un grupo de espías a los que Moisés envió a reconocer la tierra de Canaán, la Tierra Prometida. Doce espías fueron enviados a esta tierra con un mandato de Moisés:

Núm 13:18  Ved cómo es la tierra, y si la gente que habita en ella es fuerte o débil, si son pocos o muchos;

 

Núm 13:27  Y le contaron a Moisés, y le dijeron: Fuimos a la tierra adonde nos enviaste; ciertamente mana leche y miel, y este es el fruto de ella.

Núm 13:28  Sólo que es fuerte el pueblo que habita en la tierra, y las ciudades, fortificadas y muy grandes; y además vimos allí a los descendientes de Anac.

Núm 13:29  Amalec habita en la tierra del Neguev, y los hititas, los jebuseos y los amorreos habitan en la región montañosa, y los cananeos habitan junto al mar y a la ribera del Jordán.

Núm 13:30  Entonces Caleb calmó al pueblo delante de Moisés, y dijo: Debemos ciertamente subir y tomar posesión de ella, porque sin duda la conquistaremos.

Núm 13:31  Pero los hombres que habían subido con él dijeron: No podemos subir contra ese pueblo, porque es más fuerte que nosotros.

Núm 13:32  Y dieron un mal informe a los hijos de Israel de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por la que hemos ido para reconocerla es una tierra que devora a sus habitantes, y toda la gente que vimos en ella son hombres de gran estatura.

Núm 13:33  Vimos allí también a los gigantes (los hijos de Anac son parte de la raza de los gigantes); y a nosotros nos pareció que éramos como langostas; y así parecíamos ante sus ojos.

Los anaceos , palabra que significa «hombres de cuello largo», eran los más temidos habitantes de Canaán. Estos gigantes descendían de aquellos que 40 años antes habían aterrorizado los corazones de Israel (Num_13:27-33).

Víctima de la mentalidad de langosta

¿Fueron los israelitas a tomar posesión de la tierra? No; observa la última parte del versículo 33: “éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas”. ¡Ahí está! ¿Lo viste? Eso es tener una mentalidad de langosta. Y esa mentalidad prevaleció.

¡Los espías que se refirieron a sí mismos como “langostas” no basaron su opinión de cómo los veían los demás o cómo los veía Dios, sino en cómo se veían a sí mismos! Observa que dijeron: “éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas”. Podemos desarrollar una mentalidad de langosta cuando sustituimos la verdad de Dios por la opinión de los demás. Cuando fundamentamos nuestra capacidad para lograr el propósito de Dios en ideas equivocadas, nuestras o de otros, nos convertimos en víctimas de la mentalidad de langosta.

Observa que la mentalidad de langosta hace que una persona:

  • se concentre en las debilidades en lugar de los puntos fuertes, y en las limitaciones en vez del potencial;
  • se vuelva negativa, aún en presencia de hechos positivos;
  • limite sus esfuerzos por lograr el éxito, cambiándolo por una salida fácil;
  • se desvalorice a sí misma

Las personas que tienen una mentalidad de langosta se ven a sí mismas como indignas y de poco valor. Llegan a esta conclusión basadas en “opiniones equivocadas” en lugar de la realidad.

World Eben-Ezer
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